15 junio 2017

Los Guardianes de la Galaxia Vol. 2

Destensemos y echémonos unas risas. En internet parece que hay que estar cabreados constantemente, unidos los unos a los otros milagrosamente, podría decirse que hemos creado un conductor universal para la descarga (electrificante) de la contractura física y mental permanente.
Va, vamos al cine, vamos a ver Los guardianes de la Galaxia vol. 2. Segunda parte de la franquicia de franquicia de franquicias, o algo así, derivada de un universo en cuatricomía y hojas grapadas, este segundo volumen podría ser un más de lo mismo (no es poco, la "uno" me parece de lo más disfrutable del Marvel Cinematic Universe) pero resulta que desde su primera escena -una pelea nivel Vengadores Reuníos vista en segundo plano mientras un Baby Groot bailotea abstraído, inocente-, algo te lo va diciendo: más de lo mismo no, mejor que la anterior.
No te preocupes, no hay spoilers aquí. ¿Qué más da el argumento? Esto es una chisporroteante Space Opera pop, de colores chillones, de personajes con los que el guión se permite profundizar un poco (poquito, estamos en modo evasión a tope encendido), de efectos especiales colosales que no difuminan una buena dirección (hay varias escenas que me han parecido chulísimas, entre lo épico y lo minimal), y oye, con un sentido del humor que me ha sacado lágrimas: citas a David Hasselfoff y a Mary Poppins, humor grueso picantón con mención a partes bajas y pezones sensibles, y mucho espíritu Marvel macarrita, de grupo bien avenido pero que anda a la gresca interna todo el santo día.
Lo dicho, no te enfades, vete al cine a echar unas risas.

26 abril 2017

LOS PLANETAS, Zona temporalmente autónoma

Cuando Enrique Morente le dijo a Jota (cantante, compositor y líder de la banda granadina Los Planetas) que su conjura flamenca tenía la predicción de las estrellas, pues el primer cantaor flamenco registrado por la bibliografía se hacía llamar “El Planeta”, la mística y casi la cábala entraron en la elipse de rotación de los autores de “Una semana en el motor de un autobús” (1998). Aunque fuera como anécdota, el dato era curioso en un grupo de “estilo indie” ―el mencionado “motor” queda como, posiblemente, el mejor disco de rock alternativo nacional― que estaba iniciando una inaudita zambullida en las estructuras y tradiciones del flamenco con “La leyenda del espacio” (2007). Si la cuarta dimensión pertenecía a Camarón por pleno derecho, Los Planetas conquistaron las otras tres. El disco, una inmensidad cuya riqueza diez años más tarde no se agota, supuso el inicio de un ciclo nuevo donde las guitaras cósmicas y las asfixias de sonido escuela My Bloody Valentine convivían con el acervo de los palos jondos.
“Una ópera egipcia” (1998), con maravillosa portada de Max, ahondaba en esta premisa pero a la larga ofrece un caleidoscopio descompensado ―aunque notable―. A mayores, un maxi con una patada a los huevos de Montoro (“El duendecillo verde”, que abre el EP “Dobles fatigas” en 2015, con frases directas como “A mí no me amenaza nadie, me cago en tu puta madre”) y poco más.
Había que volver a la mística, parece, para ver editado un nuevo disco de Los Planetas. Vale, los miembros del grupo no han parado de trabajar en proyectos paralelos (Los Evangelistas, Grupo de Expertos Sol y Nieve, Los Pilotos…), y de acuerdo, hubo vaivenes hasta un presente de total independencia que habrán retrasado las cosas (tras abandonar RCA y El Segell del Primavera, ahora crean y publican desde su propio estudio y sello, El Ejército Rojo / El Volcán Música). Pero a mí me gusta pensar, como Morente, que el destino marca las cosas en la trayectoria de Los Planetas. Han pasado siete años desde su “ópera”, el anterior largo de la banda. Y este 2017 (siete) se ha descubierto Trappist-1, estrella cercana con un sistema solar que alberga siete planetas (¡siete!) escandalosamente parecidos a la Tierra. Era evidente que tocaba movimiento importante en la banda de Granada, y así tenemos “Zona temporalmente autónoma”, su nuevo trabajo. Ole el Misterio.

Arrancar con “Islamabad” es una apuesta valiente, porque la banda ya sabía que tenía entre manos una bomba de relojería: los “viejos indies” se acercan al trap, ese movimiento lenguaraz, urbano y radicalmente joven que hibrida electrónica y hip hop. Han reconstruido un tema de Jung Beef (“Ready pa morir”) llevándolo a su terreno de sonidos líquidos. Además de un portento sonoro, con un casi imperceptible crescendo saturado de emoción,  para su versión shoegazer Jota rehace la letra. De un tema de angustia sentimental, el original, pasamos a una radiografía en primera persona sobre el mundo actual y sus convulsiones socio políticas, enfermadas por la religión, envenedada por los radicalismos (“El hombre llama Dios a todo lo que no conoce”). Ya se dice por las redes sociales que es la mejor canción de Los Planetas. Quizá, o de las mejores.
El ambiente opaco del tema impera en la primera parte de “Zona temporalmente autónoma” (ZTA a partir de ahora). El segundo corte, “Una cruz a cuestas”, retoma además los aires flamencos (que se aparcaban en "Islamabad", y en términos generales en la mayor parte de melodías del disco) y en su seno Estrella Morente aporta voces. “Soleá” y “Seguiriya de los 107 faunos” inciden en ambientes espesos, asfixia sonora y palos del flamenco (ya desde su título, claro).
Si “Una ópera egipcia” reservaba para su tramo final la zona más “Leyenda”, en su último trabajo se atreven a abrir con el pack más difícil para el oyente medio (ese que sin embargo ya ha convertido al disco enel segundo nacional más vendido de la temporada en España), un regalo, no obstante, para los que admiren esa franja de música difícil en lo sónico pero emocionalmente enaltecedora, según el patrón de “Ya no me asomo a la reja” (incluida en “La leyenda del espacio”).
A partir de entonces el trabajo melódico y sonoro se aligera sin perder tacto. La producción de ZTA es posiblemente la mejor de su carrera, cada canción ofrece un festín de detalles, reverbs, sonoridades entrelazadas de vértigo. Lo cual dice mucho de la capacidad de la banda: “Hierro y níquel” suena liviana y saltarina, “Zona autónoma permanente” o  “Espíritu olímpico”―con coros de La Bien Querida― evocan a algunas bandas de rock ochentero como The Church o The Cure, y la orfebrería de cuerdas y palmas en “Porque me lo digas tú” pespuntea una letra naive sobre el amor.

Las letras son capítulo aparte: Los Planetas han crecido como todo ser vivo, así que los que busquen más fiestas farloperas y canciones generacionales que explican las bondades psicotrópicas de ciertas sustancias pueden esperar sentados. Ahora tenemos letras para querer más a tus hijos (la preciosa y acústica “Hay una estrella”), versos tomados de la tradición y mucho contexto político. De hecho el nombre del disco ya es un préstamo de un tratado de anarquismo para el siglo XXI, de Ben Hakim (sosias de Peter Lamborn Wilson). Así que sí, lo han vuelto a hacer. Uno de sus grandes discos, otro más, y un trabajo donde no hay ruptura o salto al vacío, pero sí depuración, madurez bien entendida y excelencia. Agarra tu guitarra roja, Los Planetas vuelven con la canción protesta, pero de la buena.

23 abril 2017

¡RESCATE!, un juego colaborativo

Lo normal es pensar en el ajedrez, o el parchís. Se juega para competir y ganas sanamente. A veces no tan sanamente, va en la madurez del jugador.
Pero la moderna edad dorada de los juegos de mesa ha abierto el abanico de lo que es o puede ser un juego, hasta límites en ocasiones locos. No es nada loco sin embargo el concepto de "juego colaborativo". Se trata de jugar contra un tema-reto (una pandemia mundial, por ejemplo) y contra las mecánicas de las reglas del juego, para ganar todos o perder ante "la deriva de los acontecimientos".
¡Rescate! es un juego que los reyes magos le regalaron a mi hijo, a petición del susodicho. Quiero decir que es un juego para chavales a partir de diez años. Para uno a seis jugadores (esa es otra, sí, para jugar en solitario sin problemas). Lo cual no quiere decir que no lo disfrutes con cuarenta, no al menos en este caso.
La cuestión es que los jugadores adoptan el rol (y juegan con unos muñequitos muy logrados) de bomberos ante una casa en llamas. Mueves, haces cosas (apagas un fuego, abres un boquete en un muro para rescatar a personas...) y posteriormente con un sistema sencillo de dados, aumentas el fuego por la vivienda, que se propaga incansablemente.
Meta del juego: salvar a siete personas encerradas en la casa, antes de que esta sea arrasada por las llamas. ¡O ganamos todos o se va todo al traste!El juego tiene versión principiante y versión avanzada. A la primera puede jugar literalmente cualquiera, diría que La Oca tiene más reglas. Sin embargo es mucho más divertido que La Oca, pues conserva en su elementariedad una tensión creciente importante.
Bomberos en acción, la eficacia del trabajo en equipo.

El tablero es doble, ofrece en sus dos caras dos viviendas distintas (una mas sencillita).
Y la versión para jugadores "avanzados" es más compleja, se asigna diferentes funciones a cada jugador (conductor, experto en químicos, etc), aparecen en escena muchos más elementos (coche de bomberos, ambulancia, materiales altamente inflamables esparcidos por la casa...) y bueno, a verdad es que ayer echamos en casa una partida que... nos trituró 😅 Creo que pude mover dos veces antes de que las llamas se cargasen el edificio con todo lo que había dentro.
Bomberos de pacotilla, partida perdida.

Es lo que hay, ¡nadie dice que ser bombero es fácil o falto de peligrosidad!
¿Resumen? Muy simpático juego, que se juega en menos de una hora, ideal para evitar piques entre niños ante un tablero, aportando valores como la solidaridad, el espíritu colaborativo y el sentido espacial.
A mayores, del juego hay una expansión, "Alto riesgo", otra caja que añade más escenarios, más bomberos y reglas (supongo que más complejas).
Y bueno, cuando encuentro un youtube de una partida acelerada, de un minutillo, lo subo para que veas el percal:

30 marzo 2017

NARCOS

Este artículo puede contener spoilers como el destino del protagonista (aquí es donde os reís a carcajadas, ahora).

Narcos es posiblemente la serie que, con Stranger Things, más ha quitado el sueño a los capos de HBO. Más en el caso del boipic sobre Pablo Escobar, el narcotraficante, ya que por alma y hasta por temática parece un producto propio de la casa de The Wire. Pero es de Netfix. Bueno, que se maten entre ellos, nosotros a ver tele.
Y tele buena, porque Narcos es sin duda una buena serie. Engancha desde el minuto uno por las solapas y te empuja hasta su último capítulo, de los veinte que componen sus dos temporadas.
Lo primero que aprecio de esta docu-serie es que no renuncia a la más indisimulada ficción. Los hechos, muchos al menos, son fieles a los sucesos históricos. Pero ya sabemos que la historia es eso que luego interpretamos, en ocasiones dando resultados hasta opuestos en las conclusiones d elo sanalistas. Por eso la mirada clarísimamente scorsessiana, con la mitificación del delito sin sordina (brutalidades, vas a ver unas cuantas en Narcos, en la vida de Escobar), solo puede ser el mejor de los puntos de partida. "Basado en hechos reales", sí, aunque ya se avisa al inicio de cada capítulo que... bueno, hasta cierto punto. Y podemos tirar del hilo epistemológico y divagar sobre la naturaleza contradictoria del término "cinema verité", pero joder, lo bien que lo pasas viendo cada capítulo no da para sacar las pipas y llamar a Garci si no para disfrutar el ritmo de la ficción, el tema de apertura (de Rodrigo Amarante), el hábil recurso del narrador, la interpretación del brasileño Wagner Moura.
Da para sentir que el ritmo no decae, que la era de "gloria" de Escobar es tan loca y alucinante que parece una mentira inventada, y que la caída es siempre humanamente un viaje terrible, también para el mayor criminal. Se ha reprochado la empatía, la humanización del narcotraficante más sanguinario de todos los tiempos, pero al final las ficciones solo pueden superar los maniqueismos mediante la dosificación de sentimientos complejos. ¿O queríais ver veinte capítulos de la vida de Cráneo Rojo? No, ¿verdad? Entonces nos comemos a ese Pablo Escobar genial, cruel, megalómano, amante de su familia, putero infiel, honorable, traidor, asesino, carnicero bomba va bomba viene, que canta en la ducha y que es un pertinaz porrero (basado esto sí en hechos, no paraba, según he leído, de colocarse... aunque no tocaba su piedra filosofal, la cocaina)
Quizá me queda la pena de no haber visto la serie en versión original total. Siendo la mitad en castellano de Colombia, la irrupción del doblaje es una marcianada colosal, que hasta obstaculiza alguna escena. Escenas, por cierto, hay unas cuantas que ya son antológicas. Citaré sin desubrir nada mis dos o tres favoritas: la de "el arbolito" en el 2º capítulo; la culminante con el padre de Escobar; y sobre todo la del pequeño accidente de tráfico del policía de la DEA Steve Murphy con un ciudadano medellinense y su resolución.
¿El pero? No sé cómo van a dar continuación a una serie cuya razón de ser a no existe.

09 marzo 2017

APHEX TWIN: Selected Ambient Works 85-92

No soy un technokid, ya sabes, ni por edad ni por espíritu, pero en mi espiral (retomamos aquí, a ver si persisto) por los 1001 discos esenciales, he caído en el pope del género, Aphex Twin, y su reconocido Selected Ambient Works 85-92.

Pieza clave de la electrónica y obra más destacada del tecno de los noventa, que atesora grabaciones fechadas y ello da una pista: es un trabajo difícil, poliédrico, cambiante, creado al o largo de casi diez años. Pero con cosas fascinantes y con unos sonido que aún hoy, 25 años más tarde de su aparición en el mercado, suena excitante (o irritante o indiferente, según piezas... mis favoritas son aquellas que se desvanecen en el ambient)

26 febrero 2017

SLOWDIVE, Souvlaki, 1993

"When the sun hits", "Alison", "40 days" o "Machine Gun", comandada por la voz seráfica de Rachel Goswell, son perlas pulimentadas de aquel magma que ya se discernía en su debut: piezas etéreas de pop con poso oscuro (¿siniestro?), ánimo evanescente y efecto psicodélico. Guitarras en flor, orgasmos sónicos de ruido blanco alejándose del caos de The Jesus and Mary Chain y acercándose a la gaseosa belleza de Cocteau Twins. Sin inventar gran cosa y varios pasos por debajo de My Bloody Valentine (maestros en la evaporación sónica, exploradores del sonido del futuro).
Pero creo que, frente a lo que la prensa de la época acusaba, la banda de Neil Halstead, Rachel Goswell y compañía no eran meros segundones. En todo caso, seguidores. Y dentro de la escuela que patentó Kevin Shields (My Bloody Valentine), a la luz de Souvlaki (segundo largo de la banda de Reading, de 1993)... aventajados. Como Boo Radleys, en fin.
Porque además de esos magníficos cantos de sirena entre nubes de ruido evanescente, Souvlaki atesora perlas acústicas cercanas a Nick Drake ("Here she comes"), coqueteos con la electrónica como "Good day sunshine" (esos flirteos se deben, quizá, a la colaboración del mismísimo Brian Eno, y serán explorados en su tercer y de momento último trabajo, prácticamente un caleidoscopio post rock).
Quizá se trate de un disco (un grupo) demasiado colgado de las nubes, con peligro de ser visto como audiobello (gran palabro que lo dice todo: cursi/pretencioso), pero pienso que no llega a suceder, gracias a un puñado de canciones melódicamente soberbias, al cuidado por las atmósferas, muy trabajadas y nada efectistas, al ánimo experimental de temas como "Missing you" (coqueteos electro) o a la joya de la corona, "Souvlaki space station", uno de los himnos del movimiento shoegaze con "Soon" (My Bloody Valentine) o "Lazarus" (The Boo Radleys), capaz de hacerte volar sin despegar.

25 febrero 2017

Flotado sobre loscos

¿Puede la música crear estados alterados de conciencia? Estoy seguro de que está estudiado. Nunca he probado psicotrópicos, supongo que por miedo a sus efectos, pero en ocasiones, escuchando Loveless a volumen fuerte, con cascos, y sin luces, la alteración estaba ahí, aunque con total control, claro.
Las culturas chamánicas saben de eso, de la repetición rítmica, de la espiritualidad y la trascendencia de la música. Ian McCaye (Minor Threat, Fugazi) lo comentaba hace lustros en una entrevista: se ha perdido esa faceta de trascendencia en la música comercial.
Ahora creo que si me pudiera quedar escuchando este tema en bucle durante horas, enredado en esas guitarras, algo terminaría pasando en mi cabeza.
Son reflexiones sin más, ni tengo edad ni el temperamento para emocionarme más allá de lo prudente con la música, pero que no decaiga nunca su MAGIA.
El clip que acompaña tampoco es moco de pavo. Un viaje:

24 febrero 2017

Premios para juegos

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En esta vida hay premios para casi todo, y los juegos de mesa no son excepción. Normal, dado que hablamos de uN sector en alza y con crecimiento continuado en ventas y popularidad los últimos años.
Estos son galos, y prestigiosos. Enlazo explicaciones de los jueGos, porque no doy para más. Ya sabes que en esto de los boardgames solo soy un aficionado recién llegado, desconozco todos y cada uno de los premiados y si diré que Scythe me apetece mucho.

As d’Or 2017 Enfant (As de Oro 2017 infantil): El cuco Kiko estrena nido, de Josep María Allué & Víktor Bautista i Roca (Haba, también en España)
El cuco Kiko estrena nido      

Fueron nominados además, Animouv, de Martin Nedergaard Andersen (Djeco) y Stone Age Junior, de Marco Teubner (Devir en España)

As d’Or 2017 Experts (As de Oro 2017 para personas  expertas): Scythe de Jamey Stegmaier (Maldito Games en España)
Scythe      
Fueron nominados además, Conan, de Frédéric Henry (Monolith) y Star Realms, de (Devir en España)
As d’Or 2017 Tout public (As de Oro 2017 para todos los públicos): Unlock, de Alice Carroll & Thomas Cauët & Cyril Demaegd (Prtóximamente por Asmodée Ibérica)
     
Fueron nominados además Código secreto, de Vlaada Chvatil (Publicado por Devir en España), Imagine, de Shingo Fujita & Motoyuki Ohki & Hiromi Oikawa (Asmodée Ibérica en España) y Kingdomino, de Bruno Cathala (Morapiaf en España.

21 febrero 2017

Gamificación del aula

Me parece interesante el uso en el aula de juegos de mesa. El potencial didáctico de un juego de tablero no es despreciable y hay varias editoriales y webs que ya están explorándolo. Y por supuesto, centros y profesores que aplican la llamada "gamificación" del aula.
Su empleo se da ya tanto en primaria como en secundaria, no se piense que hablamos de la ecuación juego-niño pequeño. Matemáticas, lengua, historia, atención a las competencias clave que deben promoverse en el aula... el potencial es enorme.
Jugando en el aula a Pandemic, un juego no competitivo, colaborativo. Los jugadores coordinan estrategias todos juntos para evitar una pandemia a nivel planetario. Geografía, biología, historia, competencias clave...

Supongo que lo difícil es adaptar el tiempo que engulle el recurso, aunque por lo que leo y me cuentan, el empleo de juegos de mesa suele gestionase como actividad de refuerzo en horarios de recreo, en el "aula de juegos", y cosas así. También puntualmente dentro del aula.

Este vídeo de la editorial Devir (editorial que tiene una "extensión educativa" entre sus departamentos que presta atención a las posibilidades didácticas y en la enseñanza de sus juegos) es ilustrativo al respecto. Y aunque trabaja más el proyecto en primaria, es extrapolable, obviamente, a secundaria e incluso bachillerato. Dieciséis minutos cortos con mucha chicha especialmente recomendado para docentes y padres (¡el juego en casa también educa!).



Y un bonus track o dos: este artículo del que saco la imagen es interesante y orientado a secundaria. Este otro, en el 20Minutos ofrece una panorámica, algún vídeo corto y varios enlaces de interés respecto al tema.

05 febrero 2017

Patchwork, de Uwe Rosenberg

Patchwork de Uwe Rosenberg, menuda tontería. ¡Y qué buen juego! 😃

Esto de los juegos de mesa tiene muy poco que ver con el cómic, pero podría decir que del mismo modo que obras de aparente sencillez formal como las de Tom Gauld encierran un discurso elaboradisimo de su trabajo y a dónde quiere llegar con su depuración formal, este juego, que en negro sobre blanco es algo muy minimal, supone un elaborado laberinto de buena diversión para dos jugadores.
Rosenberg es el creador de euroames superventas como Agricola, Le Havre o Caverna, y Patchwork es su última propuesta para las tardes lluviosas de domingo como la presente.
Botones, retales, patchwoks.

La idea es una cosa muy básica: dos jugadores compiten en hacer la colcha de retales más grande y completa, adquiriendo precisamente eso, retales (hazte una idea pensando en un Tetris, sus piezas, que debes encajar en el espacio de una plantilla de Hundir la flota). Entre ambos jugadores un tablero en espiral (tipo Oca, digamos) hace avanzar en el "tiempo" tu ficha. Al llegar al final del recorrido termina la partida y toca puntuar y ver quién gana.
El despliegue del juego

Así quedó la colcha ganadora (incompleta)
No quiero usar este blog para explicar reglas, menudo coñazo... pero diré de Patchwork que ofrece una disyuntiva (¿compro tiempo o compro retales?) que lo convierten en un pasatiempo divertidísimo, frugal (una partida dura menos de media hora), tenso y adictivo (jugarás dos timbas seguidas, lo apuesto).
Personalmente tengo ganas de ir hacia adelante en esto de los tableros, complicándome poco a poco la vida hasta recuperar el "nivel Civilización Avalon Hill" de mis viejos tiempos. Pero dada la riqueza del espectro "jugón" actual, reconocer que en ocasiones en vez de menús sesudos con dos platos y postre apetece un pincho, y reconocer que ese pincho es una delicatessen, tampoco me parece mala práctica.

Edita Maldito Games y ronda los quince euros. Tirado para los buenos ratos en pareja que os va a ofrecer, en serio.