21 marzo 2009

EL BORRÓN; La mancha que vive

(prepublicado en El Faro de Vigo)

En “El Borrón” Tom Neely, pintor y animador cinematográfico, nos introduce en un relato extraño, turbador y lírico.


A veces en la creación artística se sobrepone la forma al fondo. Hablamos de obras donde por encima de lo contado, del qué se relata, prevalece el modo de hacerlo hasta el punto de que el cómo se convierte en el propio mensaje (podríamos pensar, quizá, en “Rayuela” de Julio Cortázar). También existen narraciones que persiguen, antes que contarnos una historia cerrada, transmitirnos determinadas sensaciones difícilmente verbalizables; pensamientos y estados anímicos casi abstractos. “Un Pero Andaluz” (Buñuel) carece de un discurso concreto y lineal, por ejemplo, aunque no esté vacío de ideas.
Sobre estos dos puntos se sostiene “El Borrón”, de Tom Neely (Ediciones La Cúpula). Un hombre pasea tranquilamente cuando una mancha de negro absoluto empieza a perseguirle. Nace en una esquina, crece, ataca a nuestro anónimo héroe y finalmente absorbe toda la viñeta. Al final de la anécdota el protagonista sin nombre consigue, o no, desembarazarse de su incorpóreo atacante. La idea es sencilla: todo ilustrador de cómic tiene en la gota de tinta que cae en el papel su peor enemigo, y Neely transforma ese asunto en el eje vertebral de su novela gráfica. Lo primero que hay que destacar es cómo partiendo de una idea tan sencilla y a priori limitada, el autor consigue atraparnos en sus casi doscientas páginas prácticamente mudas. Reconocer así su habilidad para desarrollar variantes y bordar una historia coherente en vez de contentarse con una sucesión de gags breves sin dirección ni unidad.
Pero además el estilo del debutante Neely es impecable, una mezcla de el Walt Disney clásico (de hecho, se inspira claramente en Floyd Gottfredson, principal artífice del tebeo de Mickey Mouse desde los años treinta) y otros clásicos como el autor de Popeye, E.C. Segar. Influencias a las que añade tintes de cómic underground de los sesenta. También hay que apreciar su expresividad, la plasticidad de su dibujo y su imaginativo dominio de la página entendida como unidad gráfica y narrativa.
El Borrón, con estos mimbres, urde un cuento surrealista de amable pátina pero trasfondo agrio, cercano a la pintura de Magritte y la de Pollock (hablamos de manchas) y deudor de la literatura de Kafka y Herman Melville (hay dos citas explícitas a Moby Dick, obra de resonancias también simbólicas). Y sobre todo supone una lectura donde prevalece la sorpresa ante un relato que diserta sobre miedos profundos, aquellos que debemos enfrentar siempre, y superar, cuando la vida nos pone pruebas como la alienación, la atracción amorosa, el miedo al cambio, la responsabilidad familiar, la soledad etc.

2 comentarios:

el tio berni dijo...

Excelente reseña, Octavio. Como de costumbre expones en el papel mis propias sensaciones sobre un tebeo con mucha más claridad y elegancia que yo.

Octavio B. (señor punch) dijo...

hay una diferencia entre mis posts y lo que escribo para El Faro de Vigo. Los primeros se hacen como buenamente puedo, los del periódico, evidentemente, los mido mucho más.
QUiero decir que aquí tu elogio me satisface, si cabe, más, porque se trata de algo que escribo para un diario, medito las palabras, pienso en ese lector de suplemento que no lée cómics pero es "refinado" y culturalmente "activo".
Que te guste, a un "expertote de los nuestros", me gusta, y además ya lo sabes, no creo que en ideas claras te haga sombra. De hecho hay pocos "critiquillas" de la red a los que me interese seguir como a tí, cuando te descuelgas en el blog (o en la enciclopedia de Panini, recuerdo tu artículo sobre Kringstein).
Ea, se acabó lo de chuparnos las ejem, que decía el señor Lobo ;)