09 septiembre 2010

Top Chef, o cómo me enganché a un reallity

De verdad; no estoy viendo series. Los Tudor en el congelador, The Wire en la reserva, cualquier acercamiento a una nueva teleserie, paralizado (digamos que tengo dos nuevas -nuevas en mi casa, digo- en la recámara). Porque ladies and gentlemen, estamos enganchaditos (alégremente, además) al programa Top Chef del Canal cocina.
Como de este reallity entre fogones de alta cuisine ya hablé aquí, y mantengo el análisis, simplemente dejaré caer alguna causa de tan feliz adición catódica:

-Por ejemplo, que me gusta la cocina, la presencia de los platos presentados por un chef, y me arropa escuchar recetas e ingredientes de un modo inconexo (si leen el artículo enlazado, donde explico el programa, ya sabrán que en Top Chef no se aprende a cocinar nuevas delicatessen, ni mucho menos). Me va que me acaricien la oreja con... "estoy preparando una tempura tibia de espuma de foie", "esto es una crema dulce de algas" o "he macerado este ponche de melocotones caramelizados". Aunque no entienda ni pijo de lo que escucho.
-Porque su mecánica transparente (lo dicho, léanse el enlace) no necesita de absurdas renovaciones como si de un Gran Hermano se tratase: las pruebas, el estilo "cinematográfico", las entrevistas post-concurso insertadas... todo se repite sin sorpresa, y ese sabor a conocido, a viejo amigo, es lo que me está gustando. Porque hacía años que no volvía a los fogones de este concurso, y el reencuentro con sus tics es dulce.
-Porque me gusta la puesta en escena del cocinero jefe del jurado, Tom Colicchio (el calvo de las fotos), entre afable, irónico y duro. Y la actitud del jurado que encabeza, el análisis siempre exigente de unos platos que yo ni sueño con catar (y si lo hiciera, seguro que me gustaban cateta, ciegamente).
-Porque me encanta paladear vía televisión esos ambientes de glamour (cuando los concursantes cocinan para fiestas benéficas o en grandes restaurantes de la Big Apple como el Craft...¿no te gustaría catar esos lugares exlcusivos? venga, no mientas, todos tenemos un ricachón interior)
-Porque también me gustan sus expediciones "campestres" (esas pruebas para multitudes, donde se pide a los aspirantes a "top chef" hacer una barbacoa para el domingo en la fiesta de barrio, donde palpas el catetismo adolescente de ese niño grande que es el ciudadano USA prototípico).

Así que en fin, mañana les hablo de una película drama-social croata, y quedo de vicio y muy pedante. Hoy me lo estoy pasando como un enano con esta fruslería para maruj@s.

3 comentarios:

Fran G. dijo...

Jamás veo la televisión, pero eso de vivir con una mujer aficionada a la cocina (yo lo soy más, no se lleve a engaño) y visitar periódicamente la casa de los progenitores de uno, me ha llevado a quedarme clavado delante de la pantalla paterna más de una vez disfrutando con el frenesí de los fogones de este concurso. El calvo tiene una mala baba del copón, y la tía de la cicatriz en el brazo es una retorcida de la leche, y los concursantes se pasan con las especias que es un gusto, pero es satisfactorio ver cómo aspirantes y cocineros ya asentados se las ingenian para lidiar con lo que les dan, improvisar menús y enfrentarse a los problemas que da una cocina a pleno gas. Eso sí, el día que tuvieron que cocinar platos de inspiración española, ojiplático me quedé.

Octavio B. (señor punch) dijo...

oh, yo ese me lo perdí :D

Anónimo dijo...

Por ver a Padma Lakshmi....